Bukittinggi, Sumatra

Hace ya más de una semana que volvimos de Bukittinggi, el primer viaje de muchos espero. Fue una escapada de fin de semana pero muy intensa. Lo primero, situarlo en el mapa.

Nada más salir del trabajo el viernes 24 de enero, nos fuimos directamente al aeropuerto. Parece que cada vez que vayamos a hacer un viaje va a tener que así, con la mochila al curro. Tenemos que salir de Jakarta de vez en cuando, porque saber que estás viviendo en un país con tantos sitios increíbles que conocer y justo vivir en uno de los más artificiales a mí personalmente me vuelve un poco loco.

La verdad es que no habíamos preparado mucho el viaje. Obviamente habíamos cogido vuelo a Padang y sabíamos que allí cogeríamos un coche durante unas 2 horas hasta Bukittinggi. También sabíamos lo que queríamos ver y visitar pero en Indonesia, por lo que vamos viendo, es mejor dejarte llevar un poco, fiarte de la gente que te encuentras y que se te ofrece como guía e ir improvisando. Así hicimos y esa misma noche aunque era un poco tarde conseguimos hostal y guía para el día siguiente.

La calle de nuestro hostel en Bukittinggi

La calle de nuestro hostel en Bukittinggi

Madrugón mañanero y rápidamente estábamos los 6 en un coche con el driver y el guía (un personaje). No sabíamos muy bien exactamente a dónde nos iba a llevar, pero todo fue saliendo bien. Nuestra primera parada fue justo a las afueras de Bukittinggi. Anduvimos un poco hasta llegar a un bar situado en lo que yo creía que era el sitio más espectacular que había visto en mi vida. MENTIRA! Pronto me di cuenta que todo lo que veo en este país es acojonante y cuando crees que nunca has visto nada igual llega otro pueblo, otra montaña, otro río y lo supera. Con esto no le quiero restar importancia. De hecho lo recordaré como uno de los mejores cafés que me he tomado. No por el café en sí (que tampoco estaba nada mal) sino por la sensación de que por fin estábamos conociendo el verdadero Indonesia.

Volvimos a montar en el coche que nos iba parando en pueblos pequeños como Koto Gadang, en zonas muy rurales llenas de arrozales y otras plantaciones y donde se podían apreciar mejor las costumbres de los locales. Podría hablar durante días de lo verde que es todo y qué verde además! Mira que por allí tampoco es que nos falte pero lo de aquí es otra liga. También tuvimos la oportunidad de ver unos murciélagos enormes que no se si se apreciará en la foto pero eran más grandes que las gaviotas.

Murciélagos

Lo que nos íbamos encontrando en Koto Gadang

Lo que nos íbamos encontrando en Koto Gadang

Arrozales

Arrozales

La gente de Koto Gadang

La gente de Koto Gadang

Continuamos nuestro camino hasta volver a hacer otra parada para reponer fuerzas. Aquí siempre hace calor y tomar algo fresco en otro super panorama nunca viene mal.

La terraza donde descansamos un poco y lo que se veía desde ahí

La terraza donde descansamos un poco y lo que se veía desde ahí

Tuvimos la suerte de que nos llevaran a conocer una familia que se dedicaba a la elaboración del azúcar. De hecho, estaban en pleno proceso y pudimos ver cómo de la planta acababan obteniendo una masa dulce de azúcar puro en forma de polvorón. Lo probamos mientras todavía estaba en estado medio líquido y estaba buenísimo. Como siempre, los que menos tienen son los que más dan y nos dieron un poco para que lleváramos a casa.

Después de haber visto esos paisajes y haber conocido un poco más de cerca la cultura de esos pueblos, donde por cierto, todo lo heredan las hijas de modo que no tienen que buscar un marido con tierras o casa sino que son los hombres quienes tienen que andar buscando una mujer con cierto poder adquisitivo, a diferencia de como sucede en otras muchas culturas, nos dispusimos a hacer el tan ansiado trekking por la selva. Solamente iba a ser de 2 horas aunque muy intenso y la recompensa iba a ser descomunal: el lago de Danau Maninjau (literalmente Lago Cráter en el idioma local de Minangkabau), de 20×8 km de dimensión.

Encuentros en la selva

Encuentros en la selva

Cerca del lago después del trekking por la selva

Cerca del lago después del trekking

Y finalmente, txapuzón en el lago después de haber comido solos en un restaurante de comida local en la orilla.

Ya al día siguiente fuimos a ver la flor Raflessia, una flor gigante que crece en Indonesia pero que solamente se deja ver 4 días cada año y medio. Después de esos pocos días se marchita rápidamente. Teníamos que salir unos 15 minutos en coche de Bukittinggi. Conseguimos un guía que directamente nada más dejarnos en el pueblo por el que se accedía a la selva, nos pidió 200.000 rupias, algo así como 12€. Aunque parezca mentira es muchísimo aquí, además de que en la última edición de la guía Lonely Planet ponía que era un precio cerrado de 80.000 rupias. Normalmente se puede negociar, pero el tío insistía e insistía en que el número de teléfono que venía en la guía era el suyo, que él era el que fijaba el precio y que no nos lo iba a bajar. Pues como el tío era un orgulloso decidimos pasar de él y adentrarnos en la selva por nuestra cuenta, mientras él se reía porque no íbamos a ser capaces de encontrarla. Con la ayuda de algún lugareño  y una mezcla entre orientación y suerte nos dimos cuenta que íbamos por el buen camino ya que nos encontramos con el guía y sus 2 clientes a los que llevaba por la selva. Al tipo se le notó al momento que no daba crédito a que hubiéramos conseguido ir por el buen camino sin él. En el fondo nosotros tampoco pero ya estábamos crecidos. Decidimos seguirles, cosa que no aceptó por no haber pagado antes. De repente, el guía se paró en mitad de un cruce de senderos. Llámo a un colega suyo quien se llevó a los turistas a ver la flor por otro camino para despistarnos. En resumen, que no sabíamos cuál de los 2 caminos coger. Comenzó una discusión surrealista en mitad de la selva en la que finalmente decidimos ofrecerle la mitad de precio porque ya habíamos hecho la mitad del camino. El tío no se bajaba del burro así que acabamos eligiendo uno de los 2 caminos y acertamos. Vimos a los turistas que se habían llevado hacía unos minutos, nos dijeron que estábamos al lado pero que la flor estaba muerta. Probablemente en otro momento nos habría sentado mal pero estábamos tan orgullosos de haberla encontrado por nosotros mismos que nos hicimos la foto igualmente.

La Rafflesia que deberíamos haber visto

La Rafflesia que deberíamos haber visto

La Rafflesia que nos encontramos

La Rafflesia que nos encontramos

Nos la perdimos por un día. Pero nos quedamos con el hecho de habernos sabido orientar por la selva y haber encontrado la flor. Además de que haciendo balance, el tío no quiso aceptar nuestra última oferta en mitad de la selva y eso que la flor estaba muerta y estábamos a sólo 5 minutos de ella.

Terminada la aventura de la flor, entramos a tomar el kopi luwak (café luwak), el café más caro del mundo. Un café especial, porque se hace con granos de café cagados (con perdón) por un animal llamado civeta. Ahí estuvimos escuchando la txarla de la señora de cómo se hacía, qué proceso tenía, que las civetas estaban en libertad no como en otros lugares del mundo y por eso el café era mejor ya que el animal no sufría estrés. Todo esto mientras nos tomábamos el famoso café y alternábamos con los excrementos del susodicho animal que nos iba pasando para que tocáramos, oliéramos y comprobáramos que lo que nos decía era verdad. Lo cierto es que la señora recibía encargos de todo el mundo y el café estaba muy bueno.

Café mezclado con los excrementos de la civeta

Café mezclado con los excrementos de la civeta

Teníamos que coger el avión en unas horas y teníamos algo más de 2 horas hasta allí, así que después de comer en el pueblo por última vez, nos recogió el driver más majo de la historia. Había trabajado como driver para la cruz roja y con su poco inglés nos iba contando lo que había vivido. De hecho, nos paró en mitad de la carretera para que nos hiciéramos la foto con una cascada que salía de la nada.

De estos viajes llegas destrozado,  te lleva unas 6 horas ir desde Jakarta al destino y otras 6 de volver entre taxis, aviones y coches. No paras porque tienes poco tiempo y encima llegas a casa a las 12 de la noche sabiendo que tienes que trabajar al día siguiente. Pero merece muchísimo la pena. Ahora sí que sí. Me despido hasta el próximo post. Ha habido otra escapada desde entonces así que ya escribiré al respecto.

Beti bezala, besarkada handi bat Jakartatik ta eskerrik asko irakurtzeagatik.

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