Ho Chi Minh City, Vietnam

Esta es la continuación del post “Mis días en Camboya”, es decir, la segunda parte del viaje durante la cual estuve en Ho Chi Minh City, también conocida como Saigón, en el sur de Vietnam. Allí y en sus alrededores estuve los últimos 4 días de mi viaje, en los cuales no viajé solo como en Camboya, sino que me junté con algunos amigos de Jakarta. Retomo el texto donde lo dejé, cruzando la frontera entre ambos países, de Camboya a Vietnam.

Lo siento, pero como siempre, aquí va el momento mapa.

Recorrido entre Phnom-Penh y Ho Chi Minh, incluyendo Jakarta en el mapa para situarse

Recorrido entre Phnom-Penh y Ho Chi Minh, incluyendo Jakarta en el mapa para situarse

La frontera fue una situación un tanto especial. Uno de los momentos del viaje de mayor incertidumbre. El bus paró, nos despertaron, nos indicaron que bajáramos con los pasaportes y que hiciéramos cola uno por uno. Unos necesitaron más tiempo que otros en conseguir el sello, pero todos fueron pasando aparentemente sin problemas. El autobús nos esperaba al final del control, a unos 50 metros.

Llegó mi turno y tachán! Empezaron los problemas. Debido a mi trabajo de becario, tengo un pasaporte especial y algunas “ventajas” como que el visado me salga gratis. Al parecer, el tío del control era la primera vez que veía un pasaporte así y menos aún que tuviera un visado cubierto por un sello en el que se leía con letras mayúsculas GRATIS. Obviamente, no hablaba inglés y por más que le explicara la situación no servía para nada. Llamó a sus compañeros. Aparecieron otros 3 camboyanos que poco les faltó para hacerse fotos con mi pasaporte, pero ninguno tenía ni idea de qué hacer conmigo.

En resumen, me dijeron que tenía que ir a Vietnam (es decir, al final del tramo que había de tierra de nadie que empezaba donde nos estaba esperando el bus) para que verificaran que podía entrar en el país. Con la aprobación vietnamita, volverme al control de Camboya, dar mis huellas dactilares y que me pusieran el sello para de nuevo volver al control de Vietnam y entrar definitivamente en el país.

Me fui al bus y le dije al conductor que no tenía el sello y que necesitaba la aprobación de Vietnam. Me hizo un gesto como de “tú sube, ya haremos algo” y recorrimos en bus el tramo entre los 2 países. Todos los pasajeros hicieron la cola pertinente (unos 50), salvo yo, que me puse el primero para explicarle la situación al guarda. Sabía inglés, lo entendió más o menos a la primera y me dijo que no podía entrar hasta que Camboya no me pusiera el sello de salida. No sin antes cagarse un par de veces en los camboyanos.

Esta vez tuve que hacerme el recorrido andando, cargando con el mochilón, recién despertado, a unos 35 grados aunque fuesen las 7 de la mañana y por un camino que se hacía en coche salvo los locales que cruzaban andando con cabras, vacas y lo que hiciera falta. Aunque tenía la aprobación, el tío seguía sin estar convencido, pero aceptó. El escáner sólo leía 3 de las huellas de mis 10 dedos y el tipo empezó a mirarme como si fuese un fugitivo. Me perdonó 7 dedos, porque seguía llegando gente y se dio cuenta de que iba a ser imposible obtener mis huellas tras 30 intentos.

Vuelta andando, volver a hacer la cola en el control de Vietnam, escaneo de maleta y por fin, una hora después, monté en el bus. 50 personas esperándome. Sorprendentemente la gente me sonrió al entrar cuando yo creía que iban a querer matarme.

Para cuando llegué a Ho Chi Minh, mis amigos de Jakarta que venían en avión, ya habían hecho el check-in el hostel, me habían estado esperando, pero como no tenían noticias mías (no me pude poner en contacto con ellos de ninguna forma), ya se habían ido. Para poder comunicarme con ellos, teníamos que estar todos a la vez en algún lugar con wifi, cosa que resultó imposible, así que me recorrí Ho Chi Minh solo hasta la tarde-noche que pude coincidir con ellos de nuevo en el hostal.

Ho Chi Minh es sin duda la ciudad de las motos. El 95% de los vehículos son motos. Hay mucho tráfico también, pero nada que ver con Jakarta, en parte porque las motos ocupan menos que los coches y el tráfico fluye, no como en la capital indonesia que se estanca continuamente.

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La ciudad es más ordenada, más preparada para el turismo, tiene parques, aceras por las que pasear y monumentos más aceptables. También hay pobreza, pero nada que ver con Jakarta o con lo que había visto en Camboya durante los días anteriores. La gente me pareció menos amigable, pero eso es una impresión subjetiva basada en mi propia experiencia personal. Estoy seguro de que todo depende con la gente que des.

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Esa misma noche, una vez me junté con la gente de Jakarta, quedamos para cenar con mi homóloga en Vietnam, Maialen y otros compañeros suyos, que nos llevaron a un restaurante vietnamita, en el que por cierto, comimos rana entre otras cosas, que yo creo que era la primera vez que probaba. Me supo a pollo.

Nos fuimos al hostal a dormir (yo necesitaba una cama de verdad), porque al día siguiente nos íbamos de excursión al delta del río Mekong, que habíamos contratado a través de nuestro hostal. Nos vinieron a buscar temprano y en un par de horas de autobús estábamos allí. Nada más llegar nos montaron en el barco con el que iríamos recorriendo diferentes pueblos (por decir algo, porque estaba todo muy turísticamente preparado). Nos hicieron varias paradas y en cada una había algo diferente.

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La primera si mal no recuerdo, era la de la miel. Es decir, nada más bajarnos del barco nos apareció una señora que sin ningún tipo de protección llevaba un panal de abejas, que por cierto revoloteaban entre los turistas, pero no nos hicieron nada. Nos ofrecieron una bebida balsámica con miel y otros productos con miel para acompañarla. Obviamente para después intentar vendérnoslo, pero al menos conmigo no tuvieron suerte. Todavía sonaban en mi cabeza los 50kg/50$ del mercado flotante de Camboya y no me apetecía entrar para nada al trapo.

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En otra de las paradas, nos enseñaban un taller de producción de caramelos de leche de coco. El proceso era envidiable porque todo se aprovechaba. Hasta reutilizaban las cáscaras de coco como leña para seguir fundiendo la leche. Los caramelos que nos ofrecieron estaban muy buenos pero no, tampoco compramos.

Era volver al barco un rato y parar otra vez, incluso una vez cambiamos de barco en mitad del río, saltando de uno a otro. En esta ocasión fuimos a parar a una especie de canales que había en la isla, en la que a los turistas nos llevaban en canoa con los sombreros típicos del lugar. Aunque fue una turistada y no me gusta nada hacer esas cosas, reconozco que el paseo estuvo muy bien. Rodeados de vegetación, moviéndonos por estrechos caminos de agua y siempre bajo el calor sofocante. Es algo en lo que sigo insistiendo, pero me parece importante recordar que desde que puse un pie en este continente, SIEMPRE ha hecho calor. Ni un solo segundo ha parado de hacer un calor enfermizo y húmedo. Aunque en Jakarta de lluvia no andamos para nada escasos, a veces echo de menos la lluvia horizontal, acompañada de ese viento siberiano que rompe decenas de paraguas en mi querido Bilbo. Esa sensación de frío en todo el cuerpo, que estás deseando meterte en algún sitio corriendo para entrar en calor. Aquí es igual, pero justo al revés. Estás deseando meterte en algún sitio para sumergirte en el más potente de los aires acondicionados industriales. Pero bueno, que una vez más me estoy saliendo del guión.

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Paramos a comer, rodeados de ventiladores, algo bastante simple como puede ser sopa y arroz con carne, pero entró bien. Después y tras otro miniviaje en barco, nos llevaron a tomar otro té con frutas tropicales. Fruta del dragón, piña, mango… vamos, lo que se lleva por estos lares pero que a nosotros nos resulta muy exótico. Un grupo de vietnamitas también vino a tocarnos música tradicional para que nos sintiéramos todavía más en ambiente.

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Después de todo eso, vuelta al autobús a Ho Chi Minh. Esa noche cenaríamos con unos amigos de una de los componentes de los “jakartianos” en un restaurante vietnamita situado en la azotea de un edificio y en el que cuentan las leyendas, Angelina y Brad van a comer cuando se dejan caer por Vietnam (ya ves tú). El sitio estaba bien, se salía mínimamente de presupuesto pero se cenaba a gusto. Las mesas tenían sus propias brasas en las que tú te ibas cocinando lo que pidieras acompañado de un sinfín de salsas y arroz, como no. Obviamente no acabaría ahí la velada y tras mover a todo el grupo porque al menda no le dejaron entrar en un pub por ir en chanclas, acabamos en un garito llamado pacharán, en el que había mucha fiesta y sonaban clásicos patxangueros de los que todos conocemos. Por dios, sonó ave maría de bisbal, creo que con eso os podéis hacer a la idea. Terminamos en una de las discotecas clave de la ciudad y de ahí para casa, que para variar nos tocaba madrugar al día siguiente para irnos otra vez de excursión.

Esta vez, hicimos una salida que englobaba el templo Cao Dai y los túneles Cu Chi. A pesar de que el recepcionista, nos recomendó que no fuéramos al templo, fuimos y nos encantó. Pero no voy a entrar en la incompetencia del tío, porque durante los 4 días nos la lió en algún sentido y podría dedicar una novela entera a sus calamidades.

Si no llega a haber sido a plena luz del día y no hubiese dado el sol a muerte, me atrevería a decir que el templo daba miedo. No por su aspecto tétrico, ni antiguo ni nada de eso. De hecho, era un templo bonito y lleno de colores. Pero el ambiente dentro era un poco inquietante. Sectario me atrevería a decir. Había un montón de gente vestida igual rezando, haciendo reverencias, se quedaban en trance, algunos te miraban con cara de odio, la música que estaban tocando era exageradamente tranquila y agradable…

Todavía no me queda claro cuál era exactamente la religión. Me explico. La religión era el caodaismo, eso estaba claro. Lo que no me quedan muy claros eran sus principios y debería investigar un poco más. Las imágenes sobre el triángulo y el ojo, mezclados con Víctor Hugo y las vestimentas dignas de peli de Indiana Jones no ayudaban. Dejo aquí la foto del cuadro que explicaba un poco en qué consistía la religión y otras fotos del templo para ver qué opinión os merece. A mí me gustó mucho el lugar.

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Viene a explicar los 3 santos, Sun Yat-Sen, líder de la revolución china en 1911, Víctor Hugo, el famoso poeta francés y Trang-Trinh, un poeta vietnamita del sigo XVI y entre cuyos discípulos figuraban los dos primeros. SImbolizan la tercera alianza entre Dios y la humanidad siendo Moisés y Jesucristo las anteriores.

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Salí fuera, porque tanto ambiente ceremonial me estaba poniendo un poco nervioso para ver los jardines. Mi sorpresa llegó cuando otro monje o lo que fuera me indicó que no podía pasar por enfrente de una de las puertas principales (recuerdo que estaba fuera del templo) hasta que el sol no llegara a no sé dónde. De primeras me lo dijo en el idioma local, obviamente no le entendí nada y le contesté con el diariamente utilizado “APA?”, que lo tengo grabado a fuego en la cabeza y significa “QUÉ?” en bahasa. Naturalmente él tampoco sabía bahasa, pero me lo acabó explicando por gestos señalando el sol, la sombra que tenía que proyectarse y su reloj. Anonadado me dejó, oye.

Así que ahí me quedé los 7 minutos que faltaban para que eso sucediera, atrapado en plena calle. Cuando por fin pude pasar, también salieron los fieles y mandamases que había dentro. Como veis, todo sincronización.

Saliendo del templo

Saliendo del templo

Cogimos el bus de nuevo y paramos en un restaurante modesto no, lo siguiente, a comer. Debido a la mala organización y que la gente parecía que estaba jugando al juego de las sillas, no me pude sentar con mis amigos y me tocó compartir mesa con una pareja irlandesa. Me estuvieron contando su vida. Otros 2 más a mi lista de gente que me encontré a lo largo de mi viaje con una historia interesante. Resulta que los dos, de unos 30 años, un buen día se levantaron pensando que el pedazo de curro que tenían no les satisfacía lo suficiente, llamaron a sus respectivas empresas y dejaron el curro. Una semana después empezaron la vuelta al mundo. Yo me los encontré en su décimo mes de viaje. Todavía les quedaban 2. Habían estado en la Aste Nagusia de Bilbao y conocían el kalimotxo!! Cómo no me iban a caer bien!?

Una vez en el recinto de los túneles más o menos ya sabíamos lo que íbamos a hacer porque es una parada bastante turística en la zona y conocíamos a gente que ya lo había hecho antes. Los túneles fueron construidos por los vietnamitas para esconderse, protegerse y vivir durante la guerra de Vietnam de finales de los años 60. Una red de túneles kilométricos que conectaba muchísimos lugares del país en los que hacía el doble de calor que fuera de ellos, eran oscuros, angostos y por los que caminaban de cuclillas. Allí vivieron durante varios años aunque parezca mentira y con su astucia y paciencia echaron a los estadounidenses. De la metralla de las bombas que tiraban los norteamericanos, hacían minas caseras y otras armas para combatir.

A los turistas nos dejaban meternos por ellos pero sólo durante 100 metros y con salidas cada 20, por si te entraba claustrofobia, te agobiabas, te morías de calor o te fatigabas de andar de cuclillas e incluso a gatas en el último tramo. Creo que sólo nosotros terminamos los 100 metros, suficiente para hacernos una idea de lo terrible que tuvo que ser vivir allí durante tanto tiempo.

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Un japonés haciéndose la selfie definitiva

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El guía

El proceso en 5 cómodos pasos

El proceso en 5 cómodos pasos

De vuelta en Ho Chi Minh, volvimos a vernos con Maialen y sus amigos, que estaban celebrando un cumpleaños en la azotea del edificio de la cumpleañera en el piso 20 si mal no recuerdo. Unas vistas espectaculares de la ciudad. Después de unas cervezas nos fuimos a casa. Al día siguiente se acababa mi viaje… o no.

Tras ir a dar una vuelta por la mañana, me fui al aeropuerto yo solo porque mis amigos se quedaban hasta la tarde, ya que ellos pasarían la noche en el aeropuerto de Kuala y yo había decidido que prefería dormir en mi casa en Jakarta con eso de que llevaba 9 días danzando por ahí y al día siguiente trabajaba.

El primer vuelo, de Ho Chi Minh a Kuala, no tuvo incidencias. Una vez en Malasia, tenía 3 horas que invertí en cenar, darme una vuelta e ir al mostrador de Air Asia a preguntar por mi vuelo ya que había recibido un mensaje días atrás sobre un cambio de horario. La chica que me atendió no tenía ni idea de lo que le hablaba, hizo varias llamadas, miró su reloj y me dijo que volviera en 45 minutos. A todo esto, no caí en la cuenta de que era otro huso horario, pero me fié totalmente de ella. Cuando volví al mostrador ya no estaba ella. En su lugar había un tío al que nada más contarle mi historia, miró su reloj y me dijo: CORRE!

Pasé todos los controles colándome de todo el mundo mientras a cada guardia que me encontraba me decía, “ya no llegas, pero tú corre”. Incluso pasé por el control de l@s azafat@s y me faltó poco para cogerle el sello al tío para autosellarme el pasaporte. Llegué a mi puerta a las 22.08, el vuelo salía a las 22.20 pero ya no me dejaban pasar. Le supliqué en 3 idiomas, le dije que ambos sabíamos que el avión todavía estaba en la pista,intenté todo, pero no hubo manera. Había perdido el vuelo. Para colmo, tenía que deshacer todo lo hecho, es decir, me tenían que quitar el sello en el que constaba que había salido de Malasia, porque pasaba de tener problemas al día siguiente.

Nosotros no podemos hacértelo, tienes que ir a inmigración. La oficina de inmigración era un pasillo tan largo como los túneles que habíamos visitado lleno de familias indias, bebés llorando y 50 grados de calor. Tras varias artimañas, conseguí que me atendieran en pocos minutos y me quitaran el sello. Ahora me faltaba comprar otro vuelo para la mañana siguiente, pero ya estaban todas las aerolíneas cerradas y tenía que esperar hasta las 4 de la mañana a que abrieran. Con la poca batería que me quedaba intenté contactar con la gente de Jakarta para que me compraran un vuelo, pero una serie de catastróficas desdichas hizo que no fuera posible (ya se sabe, cuando algo no sale, no sale y punto). Por mucho que intentara cargar el móvil, los fucking enchufes del aeropuerto me absorbían la poca batería que me quedaba en lugar de cargar el móvil, así que se hizo la luz y con mi 3% de batería conseguí que un amigo de Bilbao me buscara y me comprara un vuelo, por cierto con una buena compañía (Garuda) y muy barato, sobre todo teniendo en cuenta la poca antelación. ESKERRIK ASKO IÑIGO! Te debo una.

Finalmente, me encontré con mis amigos que hacían noche en el aeropuerto pero que cogían otro vuelo. Después de dormir un par de horas en el suelo, fui consciente que tenía que cambiarme de aeropuerto. Para ello tenía que esperar a un bus que llegaría “sobre las 6”, así me lo decía todo el mundo. Luego entendí el porqué. Apareció a las 6.30 y no salimos hasta en punto. Menos mal que el avión salió con una hora de retraso. En el avión me dieron de desayunar, había pantalla personal y te ofrecían continuamente cosas, punto que agradecí porque estoy acostumbrado a volar siempre en bajo coste.

Una vez en Jakarta, atasco terrible de hora y media hasta casa, ducha de 3 minutos y volando a la oficina. Llegué a las 12! Y el último claro, porque mis amigos habían podido coger el primer vuelo de la mañana y yo no. En fin, hasta el último momento “disfrutando” del viaje. Lo bien que dormí esa noche es indescriptible. Y esto es todo por hoy, me despido ya. Quiero creer que los siguientes posts serán más tranquilitos pero nunca se sabe.

Mila esker guztioi beste aldean irakurtzen egoteagatik, benetan. Besarkada handi bat Jakartatik ta hurrengora arte!

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9 comentarios en “Ho Chi Minh City, Vietnam

  1. Pingback: Mis días en Camboya | Bilbotik Urrun

  2. Te estás haciendo todo un experto en salir airoso de cualquier contratiempo que te surge. Ya sabes, lo que no te mata, te hace más fuerte. Muy chulo todo.
    No nos dices nada de la pedazo serpiente que tenéis entre manos…..

    • Qué observadora! Cierto.. la serpiente formaba parte de otra turistada. Por un dólar, te la ponían en el cuello para hacerte la foto. Vimos unas cuantas más de ese tamaño… las tenían en jaulas desperdigadas aleatoriamente.

    • jajaja! Has vuelto a entrar en el top 5 gracias a este comment… alguien te lo había arrebatado. Ya ves que aquí hay que estar presente… podría hacer unos premios Bilbotik Urrun y nominarte en la categoría top commenter 😀 😀 Para la gala tendrías que venir a Indonesia aunque no lo ganaras.. ya no hay excusa!!

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