Kuala Lumpur, Malasia

Por fin hemos ido a Kuala Lumpur. Digo por fin porque a mí al menos siempre me había llamado la atención tanto Malasia como su capital, Kuala Lumpur, aunque reconozco que aún no tengo muy claro el porqué. De todos modos, viviendo en Jakarta, era el momento de coger un vuelo y pasar allí un fin de semana, aprovechando que está a tan sólo 2 horas en avión y sale muy bien de precio.

Momento mapa!

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A pesar de haber salido a las 14.30 de la oficina el viernes 7 de junio, no llegamos hasta las 12 de la noche al hostal de Kuala. Atascos, espera en aeropuerto, vuelo, taxi y añadir una hora más a nuestros relojes fueron las causas. El hostal era muy-muy sencillo. La habitación: situada en el subsuelo, sin ventana, 2 camas (una grande y una individual), un metro cuadrado para ducharse, una TV que no tenía sintonizado ningún canal y un aire acondicionado de dudosa utilidad. Perfecto para nosotros, que no exigíamos mucho y habíamos pagado 6€ por cabeza. Además tenía desayuno incluido!

La localización era muy buena. En una calle de las más principales y con más movimiento en la “zona china”, llena de restaurantes con terraza que servían comida tradicional a buen precio. Dejamos las cosas en la habitación y nos fuimos a un condominio de la zona donde viven algunos de los becarios (no de mi beca) de Kuala Lumpur. Después de un rato, vimos que la noche se iba a complicar y decidimos ir a casa a dormir, que estábamos cansados y al día siguiente nos tocaba madrugar y patearnos la ciudad.

Por la mañana, desayunamos y decidimos ir a las Batu Caves. Para ello teníamos que coger el monorraíl. Transporte público moderno, eficiente y con aire acondicionado que además se eleva varios metros sobre el suelo. En Jakarta no tenemos de eso, qué raro. Por eso valoramos este tipo de detalles. De todas formas, ya han iniciado las obras oficialmente (una vez más) del monorraíl que probablemente esté terminado para 2077 o así, pero es otra historia.

Una vez allí, pudimos comprobar que las cuevas iban a ser de las grandes. Forman parte de una montaña y están ambientadas con templos hindúes. Allí se encuentran los fieles con los turistas y algún mono que otro, cada uno con su propósito. Hay una estatua gigante al pie de las escaleras que conducen hacía la entrada a la cueva, enorme también por cierto.

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No iba a ser menos esta vez y aunque sigamos saliendo de Indonesia, el calor sigue siendo aplastante. En Kuala hay algo diferente al respecto. El cielo está azul por completo. Cosa que sucede en Jakarta una vez cada demasiado tiempo aunque siempre con esa capa de contaminación tan característica. El calor de la capital malaya es menos húmedo, pero con el sol dándote la cara y en calidad de turista… se sufre.

Volvimos al centro a ver la mezquita nacional que estaba cerrada para los turistas a ciertas horas. Cuando llegamos era una de esas ciertas horas y no pudimos entrar, aunque dimos una vuelta por los alrededores y nos fue suficiente. Como dato de interés: Malasia es un país oficialmente musulmán a diferencia de Indonesia que es un país de mayoría musulmana. A efectos ópticos pueden parecen lo mismo, es decir, mezquitas sonando varias veces al día, atuendo musulmán para ambos sexos… Pero no. Malasia es más restrictivo que su vecino Indonesia. Al parecer, existe policía religiosa que puede pedir el documento de identidad a los ciudadanos de raza malaya (porque los hay también chinos, indios,…) y si están tomando una cerveza o actuando de alguna forma no muy de acuerdo a la normativa, son multados. Personalmente no lo vimos, pero eso fue lo que nos contaron. En cualquier caso, entre los símbolos prohibitivos de los paneles del monorraíl, estaba junto con el de fumar, comer y algún otro el de una pareja besándose.

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Decidimos comer en el “chinatown” de la ciudad. Una zona llena de templos chinos, restaurantes chinos, puestos chinos, adornos chinos y obviamente chinos. O al menos de raza china. Aunque eso no quita que también hubiera malayos o indios. Comimos en un food court, es decir, un lugar con mesas rodeados de diferentes puestos de comida. Nos decantamos por comida india. Sí, en Chinatown.

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Después de agonizar un rato más de calor por la ciudad, fuimos a casa a ponernos dotore-dotore para hacer la tontería de ir a ver las Petronas. Me explico. Para subir a las Petronas hay que reservar con un día de antelación. El problema es que solamente te permiten subir hasta el puente que las une. Además de no ser tan alto ese punto, te pierdes el hecho de ver las propias Petronas porque tú estás dentro. Así que tras alguna recomendación, decidimos subir a un bar-lounge de esos que hay en el último piso de un edificio de al lado. El bar se llama Marinis 57 (el número hace honor a su piso) y se encuentra en el último de los niveles.

Después de haber ido a Singapur, ya somos unos expertos en escoger el momento del día para subir a lo alto de un edificio de lujo a ver las vistas. Así que subimos cuando estaba atardeciendo, el momento perfecto. Las copas son más caras que en otros lugares, pero muy baratas para el lugar en el que estás. Tras estar un rato tomándonos algo y sacar unas fotos nos fuimos para ir a cenar algo malayo por nuestra zona y  juntarnos con el resto para salir de fiesta por Kuala Lumpur.

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El día siguiente nos lo tomamos con más calma. Lo primero de todo, ir a la estación central a dejar las mochilas en las consignas para no cargar con ellas todo el día y preguntar por los horarios del tren que te lleva al aeropuerto. Hecho esto, vuelta por Little India. No es muy grande, pero es lo suficientemente diferente al resto de la ciudad como para que vuelvas a sentir que has cambiado de país.

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Continuamos caminando hasta llegar a un templo chino que está situado como en lo alto de una colina pero sin salirte de la ciudad. Nada que no hubiéramos visto antes, pero el sitio está apartado, es bonito y las vistas espectaculares.

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Después de comer, fuimos a un parque a tirar la tarde. Algunos pensaréis que perdimos el tiempo. NO. El parque era bonito, grande, tenía su lago, estaba bien cuidado y apenas había gente. Pero lo más importante es que era un parque. En Jakarta no tenemos de eso, por lo que tumbarse encima de la hierba mirando para arriba en mitad de una ciudad es algo que echábamos de menos. Tras el momento relax del viaje, volvimos a la estación para coger el tren al aeropuerto.

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Como es habitual, llegamos por la noche a casa teniendo que trabajar al día siguiente. Yo ya me había quitado la espina de ver Kuala Lumpur. Sé perfectamente, que si en mi beca hubiera habido la oportunidad de coger esta ciudad habría sido la primera en mi lista, claro está desde mi ignorancia respecto a este continente. Sin embargo, ahora que vivo en Jakarta no lo cambio por nada y me alegro de que Kuala no estuviera en la lista. No me malinterpretéis. Kuala es una ciudad con una mezcla de culturas increíble, clima soleado, aceras anchas por las que pasear, parques y con unas carreteras y medios de transporte público envidiables. Pero Jakarta es más salvaje, más desordenada. Casi nadie habla inglés por lo que he tenido que aprender el idioma, cosa que en Kuala, a pesar de hablar el mismo idioma prácticamente, probablemente no habría podido. Estás en continuo aprendizaje y siempre hay imprevistos. Digamos que Jakarta, dentro de sus comodidades te ofrece una vida más “aventurera”. La gente es muy amable aquí, por nuestra experiencia nada que ver en general con la de allí, aunque por supuesto, hay de todo.

Casi se me olvida! Vi los mismos árboles que hay en el Palacio Euskalduna de Bilbo! Justo fuera de la estación central, sólo que éstos todavía estaban sin oxidarse.

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Estas son mis impresiones. Encantado de haber conocido Kuala. Adelanto desde ya que en cosa de mes y medio volveré a Malasia, pero esta vez a un sitio totalmente diferente. Me despido ya.

Mila esker berriz irakurtzeagatik. Nigandik laster entzungo duzuela zin dagizuet. Eskuminak Jakartatik ta beste batera arte!

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7 comentarios en “Kuala Lumpur, Malasia

    • En Asia todo tiene mucho color Montse. Aunque reconozco que las fotos que subo intento que sean medianamente aceptables para que describan un poco mejor lo que cuento. Gracias por leer y comentar, en serio, un abrazo!

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