Sumba, la Isla Salvaje

Esta vez he estado 9 días fuera. Viajé solo por circunstancias, ha coincidido así, aunque he de decir que no me he sentido solo en ningún momento. Mi viaje empezó el viernes 26 de septiembre. Salí del curro hacia el aeropuerto para coger un avión con destino Lombok. Sí, Lombok de nuevo. En esta ocasión era para experimentar lo que es subir hasta la cima del Rinjani, un volcán de más de 3700 metros, que me llevaría 2 noches y 3 días y que varias personas me habían recomendado que hiciera antes de irme de este país.

Siguiendo el orden cronológico del viaje, debería empezar por ahí, por mi visita al Rinjani. Pero no. Voy a empezar por la segunda parte del viaje, por motivos que no vienen ahora al caso. Esta segunda parte consiste en 5-6 días (depende de cómo se mire) en Sumba, una remota isla en Indonesia, llena de misticismo, tradiciones y costumbres imposibles de pasar inadvertidas y que apenas es visitada por turistas.

Tanto es así, que durante todos los días que estuve allí no vi ni un solo turista, ni un solo bule (blanco), nadie que no fuera local o al menos lo pareciera. En este post explicaré por qué decidí ir allí, qué es lo que viví durante esos días en los que me sentí un local más y las cosas que llegué a experimentar y que nunca antes había vivido. Una verdadera aventura y una experiencia tan especial en tantos aspectos que me atrevo a decir que ha sido el mejor viaje que he hecho desde que llegué a Indonesia.

Dicho esto, empezamos.

Sumba es una isla situada al sur de Komodo y que a pesar de su tamaño únicamente la habitan 600.000 personas. La población más numerosa es Waingapu que cuenta con alrededor de 50.000 habitantes y no es precisamente un lugar muy “visitable” según los baremos turísticos. El resto de la población, son aldeas esparcidas a lo largo y ancho de la isla que viven aún en la edad de bronce, con tradiciones difíciles de imaginar y están formadas por unas casas hechas de madera y paja al más estilo tribal. Aquí está el mapa de rigor para situarla.

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Ruta de Waikabubak a Waingapu

Ruta de Waikabubak a Waingapu

Aterricé en Tambolaka, el aeropuerto situado al Oeste de la isla. Como suele ser bastante normal en mí, sobre todo últimamente, no planeé nada. Miré un poco en internet, aunque tampoco hay mucha información y reservé 2 noches en uno de los poquísimos hoteles que existen en Sumba, a las afueras de un pueblillo llamado Waikabubak para ir tirando.

A las 4 de la tarde me decidí a salir del hotel hacia algún lado, teniendo en cuenta que aquí a las 6 anochece por lo que tenía que ser un lugar cercano. El del hotel, me dijo que andando 2km llegaría a una de esas aldeas, donde los locales suelen recibir a los pocos turistas que aparecen intentándoles vender su artesanía y enseñándoles sus casas. Estas pocas visitas, en la inmensa mayoría de los casos van con alguno de los poquísimos guías locales existentes. Sin embargo, el tío me dijo que como yo podía hablar bahasa, no debería tener ningún problema.

En resumen, que el tío se lavó las manos y me mandó para allí, siendo este primer contacto el mayor de los aciertos habidos y por haber y que haría que todo mi viaje diese un giro y se convirtiese en una experiencia única. Tras caminar 2km bajo el sol abrasador, llegué al kampung Tarung, la aldea en cuestión. Como no sabía muy bien qué me iba a encontrar, intenté mostrarles todo mi respeto y me invitaron a pasar.

Me recibieron vestidos con sus trajes, cada hombre con su machete de casi un metro así para intimidar, alguna cara curiosa se asomaba por las diferentes casas y poco a poco se me fueron acercando. Casi todos tenían la boca, los dientes y los labios rojos como un tomate como si hubieran estado devorando algún tipo de carne cruda. No era para tanto, unos minutos después me enteré que era algo llamado pinang, que mastican continuamente y que escupen la saliva roja que les va generando, así que el suelo estaba adornado de miles de escupitajos de un rojo bien intenso.

Me ofrecieron café y me senté a charlar con ellos mientras algunas señoras que oscilaban los 150 y 200 años iban sacando lentamente todas sus telas y otros productos para que comprara. No compré. Me preguntaron a ver por qué no hacía fotos, les respondí que no había llevado la cámara y les parecía increíble. Al parecer los turistas que llegan a estos poblados hacen miles de fotos, dan un donativo, compran algún producto artesanal y se van al siguiente pueblo. Pero si algo les asombraba más es que pudiera hablar el idioma, así que poco a poco el estudio antropológico cambió de bando y me inundaron de preguntas, que fui respondiendo con calma hasta que una señora empezó a meterme directamente el pinang ese en la boca.

Yo sinceramente no quería, pero qué cojones, por qué no? allá donde fueres haz lo que vieres dicen. La frase “qué cojones, por qué no?” sería una de las más repetidas en mi cabeza los siguientes días y determinaría todas las sensaciones y acontecimientos de mi semana en Sumba. El sabor es intensísimo y tenía como 20 caras mirando mi reacción al sabor. Me dijeron, cuando ya no puedas más de lo fuerte que es come esto. Eran unas raíces como blancas por dentro, supuestamente rebajaba el sabor. Y un huevo! Lo hacía todo peor. Tú vete escupiendo. Me hacían escupir dentro de la casa, así en los maderos del suelo que hacían que la casa se elevara unos metros y podías ver entre el hueco que quedaba entre ellos toda la mierda que iban tirando allí, amén de algún cerdo e incluso algún caballo.

El tipo (unas horas más tarde me enteré que tenía solamente 29 años) al que le caí en gracia, que por cierto era sin duda el que más cara de mala hostia tenía y se llamaba Yanto, me montó en su moto y me llevó abajo, a la carretera principal, al pueblo. Me llevó una tienducha así como de ultramarinos y ahí empezó a aparecer gente y gente que entraban en la tienda y me miraban como si fuera un extraterrestre, pero enseguida iban cogiendo confianza y me hablaban y me hacían preguntas. Todo esto mientras me sacaban Moke y Peci sin parar, 2 licores de Sumba que cuestan una auténtica miseria y se venden en una bolsa de plástico como las de las gominolas atadas con un nudo.

Obviamente se nos hizo más que de noche allí y no paraba de conocer a gente del pueblo que se acercaban a comprar tabaco, comida.. y allí se quedaban. Volvimos a coger la moto y Yanto decidió llevarme a cenar a una especie de puesto ambulante en una calle sin iluminación, como todas las demás. Me sacó de comer una carne servida en una hoja de no sé qué árbol y nos pusimos a comer en el suelo, sin cubiertos claro está, obviamente mientras el Moke y el Peci seguían bajando a buen ritmo. En esto, que le pregunto de qué animal era la carne porque yo era incapaz de reconocer el sabor. Y tachán! Llegó otro de esos “momentos Sumba”. La respuesta fue de PERRO. Vale que nunca había probado perro, vale que en la cultura de la que vengo ni se me pasaría por la cabeza pero es que… estábamos rodeados de perros que miraban cómo comíamos. Algunos trozos tenían tanto nervio que los tirabas a unos metros y los propios perros se peleaban entre ellos para llevárselos a la boca. Sí, su propia carne.

También he de decir que los perros de Sumba están completamente locos. Para el que haya estado en Lombok y crea que los perros son salvajes, le aseguro que los de Sumba son el doble de malos. Ladran continuamente, se enzarzan en peleas cada 10 segundos y te persiguen con unas ganas acojonantes de morderte.

Después de esta suculenta cena, me fue llevando a casas de sus amigos hasta que uno de ellos me acabó presentando a sus abuelos, a los cuales tuvo que despertar a las 12 de la noche para que me conocieran, mientras yo le suplicaba que no lo hiciera. Estos señores tenían 80 años. Pero los 80 años de Sumba parecen los 120 de allí. Pero ahí estuve charlando un rato más con ellos intentando entender alguna palabra de las que decían porque a los pobres ya no les quedaban ni dientes.

Tras invitarme a quedarme a su casa a dormir, decliné amablemente la propuesta y me llevaron de vuelta al hotel, donde los encargados salieron escopetados de sus camas a recibirme porque estaban preocupadísimos por mí. ¿Pero dónde has estado? ¿Con quién has estado? ¿Cómo es posible? Se acabaron riendo mientras me reconocían que estaban flipando y que nunca habían visto algo así. También debo admitir que era el único huésped del hotel, así que yo era su única preocupación básicamente.

Me fui a la cama sin creerme del todo lo que me había sucedido pero contento con mi primera gran toma de contacto con la isla.

El segundo día, tras pelearlo un rato por la mañana conseguí una moto que me viniera a buscar y me llevara hacia el sur, hacia el área de Laboyan. Allí es donde se encuentran las playas donde se rodó el videoclip de cucurrucu, que aparece en el post 4 minutos de Indonesia. Fue un día muy aprovechado. Visitas a otras aldeas de la zona, las cuales por cierto cuentan con un Buku Tamu, es decir, un Guest Book. Algo así como un libro, iniciativa de las autoridades de la isla, donde los visitantes firman y dejan un donativo que oscila entre las 10.000 y las 100.000 rupias. Yo siempre dejaba 20.000 rupias cada vez que visitaba uno de ellos, algo así como 1,30€.

En estas aldeas viven con animales de todo tipo, pero sobre todo, cerdos y perros. Me ofrecieron un coco para beber, sin pajita cómo no, mientras veía a cerdos revolcándose entre las cáscaras de los otros cocos. Fantástico todo.

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Las playas eran espectaculares y enormes y sí, estaba yo solo. Más solo que la una. Bueno con el motorista en cuestión, Nisha, que era de la aldea Tarung y que no era de muchas palabras. Fue cogiendo confianza pero le costó. De hecho durante los próximos días me lo encontré varias veces y se paraba a hablar conmigo como si fuésemos amigos de toda la vida pero en su primer día era un tío muy reservado.

Me acuerdo del nombre de una de las playas: Rua. Y era increíble, para qué engañarnos. Las otras que fui visitando no se quedaban cortas, pero sus nombres eran mucho más complicados y no puedo recordarlos.

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Playa Rua a lo lejos

Playa Rua a lo lejos

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Por esa zona de la isla está el resort Nihiwatu, que debe de ser algo así como un hotel de 10/10 y donde la inmensa mayoría de los pocos turistas que van a la isla se alojan. Debe de costar un pastón y te organizan todo, pero claro, ahí ya cambia la perspectiva de los locales sobre ti. No es lo mismo aparecer en una aldea tú solo sin guía y hablando el idioma que llegar en un super jeep 4×4 con aire acondicionado y con guía. Si apareces así te ven como un saco de dinero con patas y todo cambia. Te intentarán vender los Ikat a precios bien altos. El ikat es una tela propia de Sumba con la que hacen las prendas que he mencionado antes. La verdad es que son muy bonitas y están muy elaboradas. Les puede llevar meses tejer una.

Por comentar un poco, las aldeas están formadas por las casas que he descrito antes y en el centro de la aldea están las tumbas. La veneración a los muertos es fundamental en esta cultura y todas las casas están adornadas con decenas de cornamentas de búfalos, cráneos de cerdos y mandíbulas de perros, todos ellos sacrificados por los muertos. Creen que las personas fallecidas tienen que ir acompañadas de este tipo de sacrificios en su viaje hacia el otro lado.

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Esa misma tarde, ya en Waikabubak de nuevo, rápidamente me hicieron saber que me estaban esperando. Café por aquí, licor por allá. Yo siempre llevaba encima un par de paquetes de tabaco de los que había visto que ellos fumaban, porque les encantaba y lo comparten absolutamente todo así que yo lo dejaba encima de la mesa y ellos iban cogiendo. Siempre me lo agradecían y a mí no me costaba nada.

Pronto empezaron a vestirme con su traje tradicional, que consiste y no sé si lo escribiré bien porque son palabras en el idioma local de la propia isla, en la kapouta (una cinta alrededor de la cabeza), el katoupo (el famoso machete de casi un metro de largo), el ingi (una especie de pareo gigantesco que se lleva recogido por detrás y cuelga hasta el suelo por delante) y el kelere bege (un cinturón que apretaba lo que no está escrito). Cómo ponerte el ingi en función de si estabas sentado o de pie tenía su propio código. Así como el machete, había que tener cuidado con la posición porque podía parecer que estabas preparado para una pelea o no.

Pero bueno, que estaban llenos de códigos así. Con el licor pasaba más de lo mismo. Todos beben de un mismo vaso. El que bebe sirve al siguiente y así sucesivamente. Que no se te ocurra llenarlo una pizca más de cómo te lo ha llenado el anterior o estarás cometiendo la mayor falta de respeto del mundo.

Fue cuando ya estaba totalmente vestido como uno más, que decidieron ponerme un nombre original de la propia isla. LANGO REDA MATA. Así me llamaron. Y ya no volví a ser Michael o Michael Smith como algunos bromeaban. Ya era Lango Reda Mata o Pak Lango y punto. Al parecer era todo un orgullo llevar ese nombre. Significaba algo así como grande y vencedor y era el nombre autóctono del honorable hermano mayor del abuelo de la casa.

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Todo esto, terminó en la aldea, en mitad de la noche, rodeados de selva, todos vestidos así, con apenas iluminación en un evento. Un evento llamado mete-mete, que viene a ser una reunión de todos los de la aldea y aldeas cercanas para velar al muerto. Mira que había gente y era grande el sitio. Siéntate aquí, me dijeron. De repente me di cuenta que tenía apoyada la espalda en lo que era el ataúd al descubierto con la muerta en cuestión. Primera vez que veía una persona muerta debo decir.

Me hicieron tocar los instrumentos tradicionales junto con la banda de chavales que estaban en ello, me dieron de comer a eso de la 1 de la mañana una cantidad ingente de arroz con carne de búfalo y finalmente nos fuimos para casa. Los del hotel no daban crédito. Aparecí a las 2 de la mañana vestido así con machete y todo.

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Gracias a un malentendido, el tercer día viviría una experiencia de lo más extraña y salvaje. Yanto, quien vivía en la aldea, apareció en el hotel sin previo aviso, me hizo vestirme otra vez con toda la parafernalia y me llevó a su aldea. Me dijo que había tenido suerte y que era una experiencia única y que iba a ver el sacrificio de los búfalos.

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Yanto empezando a preparar al búfalo

Yanto empezando a preparar al búfalo

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Me dieron de comer, justo enfrente del búfalo en cuestión al que iban adornando y que después sacrificarían. Una vez la criatura estaba adornada completamente, cogieron los instrumentos y se pusieron a tocar mientras íbamos en procesión hacia el camión donde montaría el búfalo y todos nosotros, encaramados como podíamos. El viaje hasta el lugar del sacrificio fue surrealista. Tocando la percusión esa, con un búfalo, montados en un camión y echando unos gritos de guerra de espartanos que se oirían a kilómetros.

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Llegamos al lugar de reunión. Se celebraban varios funerales al mismo tiempo de diferentes aldeas. Cada aldea llevaba su búfalo y se acercaba al centro del poblado para presentar sus respetos a los ancianos de la aldea anfitriona. A todo esto, yo incluido. Única persona no local, que por muy vestido que fuera se me veía a la legua. Iba como por familias. Tú entrabas representando a tu aldea, tocando percusión y presumiendo de tu búfalo, si podías. Me explico. Que se te muera alguien en esa cultura supone un gasto extremo. Tienes que conseguir un búfalo y si es macho cuesta alrededor de 20 millones de rupias. Unos 1200€. También puedes llevar una hembra, pero no estás honrando tanto al muerto y puede que su transición al otro lado no sea lo suficientemente digna.

Momento presentación de búfalo y saludos

Momento presentación de búfalo y saludos

Algunos asistentes

Algunos asistentes

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Otra aldea trayendo su búfalo

Otra aldea trayendo su búfalo

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Era mi amigo al que le tocaba sacrificar al búfalo delante de todos. Ya lo había hecho alguna otra vez. Le tocaba a él porque se había muerto su tía y tenía que hacerse cargo de los gastos y de todo. Esperamos como 2 horas a que fueran llegando de todos los pueblos hasta que nos reunimos como 300 personas. Y aquí empezó todo. A un solo metro de mí empezó la matanza. Uno tras otro. Perdí la cuenta, creo que fueron como 8 búfalos.

Advierto. Aunque no sea lo mismo verlo en persona que a través de la pantalla del ordenador, las fotos que vienen a continuación son bastante fuertes, por si alguien prefiere no verlo. El vídeo he decidido finalmente no subirlo, si alguien tiene algún interés especial en verlo que me lo haga saber en los comentarios y se lo envío por email.

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Cuando ya muertos empezaban a despellejarlos

Cuando ya muertos empezaban a despellejarlos

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Yo sorprendentemente me hice medianamente inmune. A ver, no era algo fácil de ver. Es una auténtica salvajada, no cabe duda. Ni siquiera puedo con los toros y todo lo que ese mundillo supone, pero me lo tomé como algo suyo propio. No conocen otra cosa, así que no me iba a poner a juzgar. Ellos me invitaron con la mejor de las intenciones y de hecho yo lo agradecí como el que más y lo respeté teniendo en cuenta la suma importancia que tenía para ellos. Y eso que a ratos nos teníamos que apartar de lo cerca que estaba sucediendo todo y el animal no nos diera una coz mientras se ahogaba en su propio sufrimiento y algunas ráfagas de sangre nos iban manchando las piernas. Repito, una auténtica salvajada.

Después de la matanza, los despellejaban y los iban repartiendo por las diferentes casas para comérselos. La carne de búfalo es considerada muy buena, aunque a mí si soy sincero no me hizo mucha gracia la noche anterior. Es muy dura y de un sabor bastante fuerte.

El olor era inhumano, la imagen de película de terror y personalmente lo último que me apetecía era comer. Así que por primera vez, rechacé algo que me ofrecieron, es decir, comer el dichoso búfalo. Que por cierto, comprendieron perfectamente y no hubo ningún problema.

Hubo un momento en que la mujer de Yanto se quedó mi cámara y se puso a hacer fotos, he aquí el resultado.

Con Yanto y su hija

Con Yanto y su hija

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La mujer y la hija

La mujer y la hija

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Con la boca roja que he citado antes

Con la boca roja que he citado antes

Cuando por fin estaba todo el pescado vendido (búfalo repartido), llegaba más sangre a escena: esta vez cerdo. Dios, cómo les gusta la sangre. Así que iban gritando nombres de familias y les daban trozos de cerdo que cada uno se llevaba a casa para comerlo a modo festín. Yo ya, totalmente integrado, manchado de sangre y vestido como ellos, me puse a cargar en el camión sacos de cerdo que iban chorreando sangre. Y ahí que nos fuimos, de vuelta a Tarung.

Al finalizar llevándose el cuerpo

Al finalizar llevándose el cuerpo

Niños subidos a búfalos es algo que si estás en Sumba verás continuamente

Niños subidos a búfalos es algo que si estás en Sumba verás continuamente

Me dijeron que me quedara a cenar con ellos pero yo todavía tenía en mente que tenía que haber hecho el check out del hotel hacía unas horas para mudarme a casa de una familia que me había ofrecido como 100 veces su hospitalidad. Decidí ir andando, 30 minutos, que me diera el aire un poco. Se me hizo de noche por el camino y aparecieron los perros. Ya puestos a hacer la salvajada, saqué mi machete y cada vez que uno se me acercaba en cólera, probablemente atraído por la sangre de la que estaba cubierto, les amenazaba con él como si no hubiera mañana hasta que se iban. Ya digo que volví transformado.

Aparecer en el hotel con esas pintas diciendo quiero hacer el check out provocó algún grito que otro de las chicas de la limpieza y el ataque de risa interminable del señor que llevaba el hotel. En fin, que me vinieron a buscar en moto y me fui con mi mochila para la casa de esta familia, que en realidad, estaba rodeada del resto de casas de “mis amigos”. Esta es la familia que me acogió. Eran encantadores y me lo dieron todo aunque no tenían mucho precisamente.

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La niña incluso dijo en el colegio a sus compañeros y sus profesores que tenía un hermano mayor que se llamaba Lango Reda Mata y que venía de muy lejos.

Mi cuarto día, me fui con otro del clan Tarung en moto hacia la zona Oeste. Todos me decían que a ver por qué no conducía yo la moto. Ya había visto las carreteras de Sumba y digo carreteras por decir algo. Quitando la carretera general, son caminos llenos de gravilla, socavones, rocas en mitad de la nada. Es decir, si me pasa algo y estoy yo solo, me toca esperar 4 días hasta que alguien me descubra.

Pues hice bien, porque en uno de esos caminos, se nos pinchó la rueda. Tuvimos la gran suerte de que había una aldea o algo así, porque una vez vista.. en la que nos arreglaron la moto y nos cambiaron la rueda durante 30 minutos. Puedo asegurar que las 4 personas que había allí no habían visto a un blanco en su vida. Me miraban como a un extraterrestre. Simplemente no podían quitar sus ojos de mí durante esa larguísima media hora al sol. ¿El precio por el arreglo? 10.000 Rupias. 60 céntimos de euro. Yo que ya estaba preparándome para el sablazo de mi vida en la cartera.

Mereció la pena el dolor de espalda y los mil botes con la moto hasta llegar al sitio. Uno de los más espectaculares que he visto en mi vida. Una playa interior, oculta. De estas que no dan directamente al mar, que el agua se filtra por un rincón y el agua es de un color indescriptible. Si no recuerdo mal se llamaba Waikalu o Wailaku o algo así. Ahí nos estuvimos bañando tranquilamente mientras me contaba que tuviera cuidado con las “pupu” que había en alguna zona de la isla. ¿Qué era eso? Pues una serpiente autóctona. Y yo… pero te mata? No, puedes solucionarlo con obat. Obat significa medicina y el tipo este viniendo de la aldea ya me imagino el remedio que me ofrecería. Alguna raíz mezclada con búfalo. Si ya en Jakarta que es la capital, fríen una serpiente roja sin aceite, directamente en la sartén, para cuando tienen tifus…

Tumbas en mitad de la nada

Tumbas en mitad de la nada

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Después de visitar esta playa nos fuimos a Ratenggaro. Una de las aldeas más visitadas de la isla. En realidad es una aldea más, pero los tejados de las casas son mucho más altos que en el resto de la isla, están situados al lado de la playa donde tienen varios monolitos y tumbas. Cuando sube la marea, que era el caso del momento, se forma un río que hay que cruzar a nado o dando una vuelta de la leche con la moto para llegar a Wainyapu, otra aldea especial que se veía a lo lejos donde entre otras cosas, se comen a los muertos. Por un lado me dio rabia no poder ir, aunque por otro lado quién sabe si mi visita les pillaría con hambre.

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Con Wainyapu, el pueblo caníbal de fondo

Con Wainyapu, el pueblo caníbal de fondo

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El Tarung que me llevó en moto ese día

El Tarung que me llevó en moto ese día

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Se nos iba a hacer de noche en 2 horas y nos quedaban 3 horas hasta Waikabubak, por lo que empezamos el camino de vuelta. Paramos a comer un momento. Comida mala. Pero ya después de tantos días comiendo cosas raras, primaba el hambre así que para dentro.

De vuelta en Waikabubak, me dejó en “mi casa”, así me obligaban a llamarla. Me preparé una minimochila para ir a la aldea a dormir como me había hecho prometerle Yanto. Dormir como iba a dormir, suponía embadurnarme de antimosquitos y llevar algo de abrigo porque a las noches refrescaba. Llegábamos a los 20 grados o así por la noche y tanto tiempo con este clima te convierte en un friolero aunque haya 20 grados. Llegué allí pero él no estaba. Estaban su mujer y su hija pequeña. Me dijeron que había ido a buscar un búfalo porque a ella se le había muerto no sé quién y él tenía que hacerse cargo de los gastos y de todo. Así que decidí irme a la casa de nuevo. Me dio pena no poder despedirme de él pero creo que es el plantón más auténtico que me han dado y probablemente me vayan a dar en mi vida. No acudir a un compromiso porque estás buscando un búfalo para poder sacrificar a la mañana siguiente para que no sé qué familiar de tu mujer tenga un buen viaje al otro mundo…

Por lo que volví y me quedé de licores cantando entre guitarras canciones en bahasa (menos mal que a estas alturas ya me sé alguna) y alguna otra perla de Aerosmith o Bon Jovi con 0 de 100 en palabras acertadas en inglés por su parte. Tenían un cajón flamenco, ni sé por qué, que me hicieron tocar para la sorpresa que me habían preparado: la canción de Bamboleoooo, Bamboleaaaa. Manda huevos tocar un cajón flamenco en una isla perdida a 14.000 kilómetros de mi casa cuando no lo había hecho en mi vida.

Me consiguieron una especie de bus/furgoneta para el día siguiente para irme a Waingapu, la capital, a unas 4 horas hacia el Este de Waikabubak. Debo decir, que se me alargaron las despedidas por el pueblo esa mañana y la furgoneta llegó antes de tiempo. Allí estaban esperando el conductor y otros pasajeros, a los que la familia ya les había avisado de que me tenían que esperar a que comiera con ellos. Yo les decía, pero a ver cómo me van a esperar a que coma con la calma si tienen que cruzar la isla para llegar a Waingapu. Pues oye, ahí estuve comiendo mis 30 minutos, a nadie le pareció mal, todo el mundo lo entendía.

El sábado llegué a Waingapu, la capital. Un pueblillo extraño, con gente extraña pero que sí tenía más vida que el resto de lo que ya había visto en la isla. Estaba agotado. Comí algo en un bar, en el que la camarera se ofreció para llevarme gratis al día siguiente al aeropuerto en su moto, bebí algo frío (llevaba días y días bebiendo cosas “del tiempo”, oséase calientes) y me fui al cutre-hotel que me había encontrado el conductor de la furgoneta.

Me tumbé en la cama a las 6 de la tarde y no recuerdo nada más hasta las 6.30 de la mañana del día siguiente que me tocaron la puerta para traerme un café. No quiero extenderme con la gente que regentaba el hotel. Eran como la familia monster y si a eso le añadías lo extremadamente siniestro que era el hotel, pues como que daba un poco de miedo. Se movían raro, tenían dificultades para hablar y desconocían los límites de la intimidad, es decir, a nada que abrías la habitación te entraba uno de ellos y se quedaba mirando tu mochila y tus cosas que estaban encima de la cama. Yo les intentaba sacar de mi habitación a base de los cigarros esos de la isla. Les daba uno y los largaba. La verdad es que funcionaba. En la Lonely Planet que luego vi, es el segundo hotel más recomendado de Waingapu, tócate los cojones.

De camino a Waingapu

De camino a Waingapu

Un ejemplo de mi cutre-hotel

Un ejemplo de mi cutre-hotel

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Hasta a Jesús le vestían como a Tarzán

Hasta a Jesús le vestían como a Tarzán

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Una escuela de la ciudad "perfectamente conservada"

Una escuela de la ciudad “perfectamente conservada”

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En fin, que a la mañana siguiente me di una vuelta de rigor por la ciudad, me fui con la mochila al bar ese, comí lo mismo que el día anterior (a lo seguro) y me llevaron gratis al aeropuerto. Dos aviones y unas cuantas horas más tarde, estaba en Jakarta, en casa.

Recuerdo que cuando fui a Sumba mi intención era interactuar con los locales ahora que tengo suficiente nivel del idioma, conocer sus tradiciones, cultura y ver algunos de sus paisajes. Pues bien, lo conseguí pero de una forma en la que nunca pensé que lo haría. Desde dentro, con ellos. Como uno más. Sin la ambición del dinero por medio. Me ayudaron en todo lo que pudieron y más, me trataron como si fuese uno de ellos y me colmaron de regalos antes de irme. Cosas por las que los turistas pagan bien de pasta. Me daban de comer, de beber, dónde dormir, siempre con una sonrisa como si encima el favor se lo estuviese haciendo yo.

Esta ha sido sin duda una de las experiencias más especiales que he tenido en lo que llevo en Indonesia. Probablemente el hecho de que fuese solo me ayudó a abrirme y a congeniar con la gente. Ha sido toda una aventura la que he vivido y por la que estaré siempre agradecido a la gente de Sumba, especialmente de Waikabubak. Ya me han invitado de nuevo en febrero para ir porque sucede el acontecimiento más importante de la isla y al que acuden bastantes turistas: la Pasola. 9 días después de la luna llena, llega a las costas una especie de gusano de mar, que unos sacerdotes/chamanes examinan e indican si ya ha llegado el momento de celebrar la Pasola. Este acontecimiento, es un combate entre dos equipos de jinetes montados a caballo que se tiran lanzas los unos a los otros y en el que prácticamente todos los años muere alguien. La muerte no es necesaria, pero sí que se derrame mucha sangre para contentar a los espíritus. Conocí a varios jinetes de Pasola con cicatrices por todo el cuerpo, que habían perdido el ojo o incluso a familiares pero que seguían haciéndolo año tras año.

Me gustaría ir, sí, pero no creo que me sea posible. De todas formas sé que en algún momento, aunque sea dentro de unos años, volveré a Sumba.

Menuda chapa que he metido, madre mía. Me despido ya.

Eskerrik asko irakurtzeagatik, bereziki amaiera arte egin duzuenei, badakit luzeegia geratu zaidala. Baina egun berezi horiek zehazki deskribatu nahi izan ditut, sentitu ta ikusi nuena zuei hurbiltzeko. Mila esker berriz ta laster arte! Besarkada bat Jakartatik!

 

 

 

 

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15 comentarios en “Sumba, la Isla Salvaje

  1. ¡Qué pasada Mikel!, menuda experiencia, irrepetible. Hay que tener mucha valentía para embarcarse en un viaje así.
    Por cierto mi punto macabro me pide ver el video, asique sí puedes envíamelo.
    Musus.

    • Mabel! Te acabo de pasar el vídeo por email.
      Tenía muchas ganas de ir a Sumba y la verdad es que me ha parecido aún mejor de lo que me esperaba. Sobre todo también gracias a la gente de allí. Al final es dejarse llevar un poco.
      Un abrazo!

  2. Maikel!! estás como una cabra chaval, aunque me alegro por ti, ya que por lo que cuentas ha sido algo muy emocionante. UN abrazo!!

    pd: a mi no me envíes el video.

  3. BARKATU, no había tenido tiempo de leerte hasta ahora mismo.
    Asi k ahora eres el Sandokán de Indonesia,eh? Con maxete y todo, y con 2 eggs,
    Ese vídeo de los búfalos… k rule. Tío, pero hay k pedírtelo? De veras hace falta? Asel se apunta a verlo.
    Entonces para navidades nos olvidamos del cordero,no? Creo k hay un par de perros vagabundos por mi zona. Ya tenemos segundo plato para ti.
    Ahora en serio: impresionante la aventura. Ya sabes k la conocía, pero leerte y ver las fotos es más impactante. Espero que aún te keden unos cuantos viajes por ahí, con los k puedas seguir deleitándonos.
    No te voy a decir k disfrutes y aproveches el tiempo k te keda, pork veo k no desperdicias ni un minuto.
    Hasta pronto, pues.

    • Tía! Así me gusta, toda la familia comentando el blog! 😀
      Esperaba por supuesto un cambio en el menú de navidad, por favor, perro vagabundo de portu suena perfecto.
      Os lo mando por email, pero a través de gmail, que pesa bastante y lo he subido por google drive. Ya me diréis Asel y tú si os deja verlo. Si no, algo idearé para que os llegue.
      Tengo algunos posts pendientes, a ver si me siento esta semana y cuelgo algo.
      Muchas gracias por seguir leyendo y comentando. Un abrazo a todos!

  4. Pingback: Tegal, Jawa Tengah | Bilbotik Urrun

  5. ¡Me encantó el artículo! He dado con tu blog buscando información de Sumba porque estoy pensando en ir, ya que estoy por aquí cerca.
    Espero que sigas disfrutando de Indonesia, da gusto leer a gente como tú.
    ¡Un saludo! 🙂

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