Senin

senin

 

Normalmente, si escribo el título en indonesio, espero hasta el final para decir su significado. Hoy no.

Senin es lunes. Es mejor saberlo desde ya. Esto hará que entres en mi atmósfera rápidamente y comprendas al instante de qué va todo esto.

Hoy he vuelto de 9 días de vacaciones extremadamente necesarios. He vuelto al trabajo. A la vida “normal”. A Jakarta. Tras visitar Laos y Tailandia, esta mañana me he despertado a las 3 (sí, 3 hora de Jakarta) en Malasia para coger el primer vuelo de la mañana.

Asiento B, el del centro. Asiento C, niño inquieto. Grita. Llora. Se duerme. Llora. Grita. Se duerme. Patalea. Encuentra mi pierna cómoda. Apoya su cabeza. Me muevo. Llora. Se duerme. Patalea. Su chancla en mi cuello. Llego a Jakarta. Tráfico.

Llego a mi primer destino. Pido una moto. Llega. Me dice que mi casco está roto y se va a buscar un destornillador. Vuelve. Lo arregla. Me monto. Va a arrancar pero no puede. No encuentra las llaves. Se las ha dejado dentro de la moto. Se va a por un destornillador. Vuelve. No lo consigue. Desiste. Pido otra moto. Llego a casa en busca de una ducha, ropa limpia, dejar la mochila y coger las cosas del trabajo. Me encuentro invasión de hormigas rojas en casa. Sonrío. Muero.

Salgo de casa. No puedo recargar el móvil porque se les ha estropeado el servicio. Consigo una moto. 150 grados al sol. 149 a la sombra. 30 minutos de trayecto (poco sorprendentemente). Gotas demasiado gordas a 5 minutos de la oficina. Se avecinaba lo que me temía. Boom! Diluvio. Llego completamente mojado al trabajo.

Cambio de trimestre académico. Época de estrés. 130 emails acumulados. Problemas de altas esferas. Problemas de otras esferas. Me voy. Pido una moto. Tráfico inhumano. Atardecer, sol rojo y grande. Pienso en mis vacaciones. Mezquitas a todo volumen. Decisión errónea del conductor y nos metemos en la calle del infierno. Demasiado tarde para rectificar. Desconecto (a pesar de todos los gritos, cláxones, giros radicales entre coches). Recuerdo los templos, la tranquilidad, las cervezas, el río, las guerras de agua por el año budista. Me cae tierra encima del camión de al lado. Me asusto. Me río. No me queda otra. Finalmente veo mi calle (una hora y cuarto después). La traca final… literalmente. ¡Fuegos artificiales! Qué bonit… mierda. Es una de las famosas batallas campales entre bandas adolescentes enemigas de las que tanto había oído hablar y aún no había visto, tirándose cohetes a la cara y persiguiéndose con cualquier tipo de herramienta oxidada para labrar la tierra. Tenemos que pasar entre ellos con la moto en mitad de la estampida. Choco mi hombro con varios. Casi atropellamos a otros tantos.

Acabo de llegar a casa. Con las prisas, he debido de pulsar sin querer esta mañana el botón rojo del ladrón… de la nevera. Hay agua en el suelo nada más entrar. Me río. Basta.

Hasta aquí he tardado 14 minutos en escribir. Me había propuesto máximo 15. Necesitaba plasmarlo. Me voy a la lavandería y a buscar algo que nutra mi nevera después de las vacaciones. Tarea fácil a priori. Veremos.

Jakarta me ha pegado hoy una buena hostia en la cara. ¡¿Para qué iba a darme unos días de adaptación?! Mejor así. Todo de golpe. Todo el primer día. Justo después de las vacaciones. Justo el lunes.

Buenas tardes

 

 

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