Nuevo en Singapur

Unos lo saben, otros no.

Circunstancias de la vida, he cambiado de ciudad y de país recientemente.

Ya no vivo en Indonesia. Ahora vivo en Singapur, el país vecino.

Un país minúsculo en comparación con Indonesia pero extremadamente diferente.


Muchas personas me han preguntado sobre mi adaptación. Hoy hace exactamente tres semanas que me mudé aquí y pienso lo mismo que el segundo día que llegué. ¿Qué adaptación?

Todo es demasiado fácil y sin mucho misterio.

Sabía a lo que venía. Ya había estado, aunque de visita, en esta ciudad.

Sabía que todo está limpio, que las cosas funcionan bien, que el número de prohibiciones asusta…

Pero… ¿adaptación? No es necesaria. Vengo de estar 3 años y medio en Jakarta, donde todo es lento, la contaminación impide ver el azul del cielo, el caos reina, los precios son bajos, los locales te sonríen por el simple hecho de cruzarte con ellos, volver a casa después de trabajar es la aventura de tu vida, las ratas persiguen a los gatos, el inglés brilla por su ausencia, las mezquitas forman parte de la banda sonora, un par de kilómetros puede suponer más de una hora en la carretera, el olor de los ríos envenena el ambiente y otro sinfín de atributos que aunque a priori parezcan dignos de película post apocalíptica, uno aprende a abrazar y finalmente llega a echar de menos cuando los abandona.

Singapur en sí, sus instalaciones y las facilidades que implica, no supone ningún reto. Directamente dejas de estar alerta. Parece tontería pero lo que más me ha llamado la atención hasta ahora es que bebo agua del grifo, voy leyendo en el metro y en el autobús  a trabajar y que tengo un camino debajo de mi casa al lado de un río que conecta diferentes parques de la ciudad por el que puedes ir caminando, corriendo o en bici.

A priori parecen características normales de cualquier ciudad desde la que estés leyendo esto. Pero los que hayan vivido en Jakarta, sabrán de lo que les hablo.

Voy a hacer un breve resumen de Singapur para entender un poco mejor su situación.

Singapur es una ciudad y país situado en una isla entre Malasia e Indonesia.

Su superficie equivale a ¼ de la de Bizkaia y lo habitan algo más de 5 millones de personas.

Es un país relativamente reciente ya que existe como tal desde el 9 de agosto de 1965. La semana que viene es el día nacional, el 52 aniversario de la nación (y es festivo ☺).

El IDH (Índice de Desarrollo Humano), ratio utilizado para medir la calidad o nivel de vida combinando diversos factores como la esperanza de vida al nacer, acceso a la educación, etc, situaba a Singapur en el año 2015 en el puesto 5 a nivel mundial, empatado con Dinamarca y únicamente superado por Noruega (1), Australia (2), Suiza (3) y Alemania (4).

Por contextualizar este dato, en el mismo año España ocupaba la posición 27 en el ranking mientras que Indonesia, mucho más abajo en la tabla, se encontraba en el 113.

Su historia es bastante peculiar y aún no la tengo dominada, aunque voy absorbiendo conocimiento de un libro sobre el fundador de Singapur, Thomas Stamford Raffles y lo que me van contando los singapurenses y otras personas que llevan tiempo viviendo aquí.

Singapur, mayoritariamente poblado por chinos, pertenecía a Malasia cuando se independizaron de los británicos, pero la diferenciación de leyes entre malayos y chinos y la ausencia de líderes singapurenses en el momento, hizo que fueran expulsados a través de una votación unánime en el parlamento malasio y se quedaran “solos”. A base de acertadas decisiones estratégicas y el trabajo duro (mentalidad que aún reina en la isla) han llegado al punto en el que se encuentran en la actualidad, en la parte alta de muchos de los índices a nivel mundial en tan solo unas décadas.

Se convirtió rápidamente en uno de los conocidos 4 tigres asiáticos junto a Hong Kong, Corea del Sur y Taiwán. La tasa de paro del país, por poner un ejemplo, es del 2%.

Por otro lado, fruto de esta sociedad que han creado, tienen la tasa de natalidad más baja del planeta (0,8 niños). Es por ello que el gobierno ha llevado a cabo campañas para atraer a extranjeros al país (y el metro está lleno de caricaturas de óvulos y espermatozoides para animar a la población a irse antes a la cama…).

La población está dividida en 3 etnias: ascendencia china (70%), malaya (15%) y tamil, sur de India (10%). El restante resultaría de la inmigración desde otros lugares. Esta variedad provoca que a pesar del pequeño tamaño del país haya 4 idiomas oficiales: inglés, chino, malayo y tamil. Por lo que muchos de los carteles, megafonía del metro y otros asuntos están escritos o se escuchan en los 4 idiomas. El 80% de la población es bilingüe, siendo el inglés el idioma que acompaña a su lengua materna.





La religión más popular es el budismo (40% aprox.) seguida por el islam (15%), catolicismo (14%), taoismo (8%) e hinduismo (4%). Así como en Indonesia ser ateo es un delito, en Singapur no lo es.

Por esta razón, no extraña ver por toda la ciudad templos de diferentes religiones.

Dicho esto, espero que ahora se entienda un poco mejor la realidad del país y por qué no supone (en principio) mucha dificultad adaptarse.

En cualquier caso, la temperatura es semejante a la que tenía en Jakarta, 28-35 grados todos los días del año sin excepción con una humedad media del 85% y estoy a tan solo hora y media de la capital indonesia, por lo que sigo muy “bilbotik urrun” aún.

Seguiré informando.

Besarkada bat guztiontzat ta laster arte!

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